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Alguna vez se habló de la muerte del
autor en el texto, y creo que más allá de que
éste imagine, invente, el soporte de su mismidad, sigue en pie.
El autor está para recordar, inventar, recrear, y disfrutar de ser
no sólo él mismo,
sino también los otros |
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Uno escribe primero para uno mismo, por eso
decimos que el primer lector es el propio
escritor. Y a medida que leemos el texto vamos construyendo al lector
ideal, es decir,
aquel que comparte las inquietudes estéticas, la emoción, las
características de la obra
literaria que poseemos y que tienen que ver con la formación y compromiso
por la palabra. Y cuando el lector me devuelve otros sentidos y miradas
a mi palabra,
siento el encuentro enriquecedor |
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