Hablar de Literatura es indagar en la intimidad de la palabra, en su infinitud. Es identificar una voz, un sujeto de pasión que a veces se siente perdido o inacabado y precisa de otros yoes hasta encontrarse. Estamos hablando de la voz de la poesía, y la voz, muchas veces, acude al cuerpo para concretarse. En esa búsqueda se percibe un itinerario existencial, y es necesario acallar todas las otras voces para percibir la propia. Sí, la voz es interioridad, es emoción hecha palabra. El cuerpo, sede de las emociones, necesita percibirse por medio de la voz para que el mundo adquiera sentido.
Susana Quiroga elige como una de sus temáticas la mujer, piensa en la mujer, en el ser
mujer, y la busca y se busca en una embriaguez de los sentidos para expresar la fuerza de
lo femenino, la búsqueda de la propia voz. En el caso de su escritura, recurre a dos
elementos esenciales del cuerpo: mirada y manos, y a la naturaleza siempre presente.
Estos elementos establecen las relaciones necesarias para la indagación del yo, para que
esa mismidad tome una forma que exprese la obsesión del desdoblamiento.
La escritora debe ser sensual. No puede ser de otra manera.
 

Creo que donde más nítida aparece la interioridad, es en el texto lírico: Allí está el yo que
necesita expresarse, merodear la palabra, alcanzarla y andar detrás de ella, como se acosa
a la utopía, en un juego apasionado y seductor… como la vida.
Sí, quizás por eso, la autora estudió letras y se dedicó a la docencia de las letras. Y en ese juego sensual, repetido y buscado sentía que descubría zonas de su identidad que aún hoy, no termina de conocer.

menos mal, porque si no hay que morirse